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viernes, 3 de marzo de 2017

¿Ese soy yo?: El SuperHombre no es ese SuperHombre

¿Podría haber imaginado Friedrich Nietzsche, en la soledad de su Zaratustra, que aquella voluntad de poder del superhombre, que tenía el derecho de imponerla por el solo hecho de la superioridad de sus virtudes, hoy se haya topado con la tecnología, que promete convertir a todos los seres humanos en super-hombres antes de serlo a la manera que él había proclamado?

La nanotecnología, el procesamiento de información, la conexión de todas las cosas, los nuevos materiales y la supermemoria ofrecen la posibilidad de crear y acceder a cualquier artefacto, sea este tangible o intangible. Artefactos que permiten extender las capacidades que la evolución natural nos entregó.

Dos enormes fuerzas pugnan hoy sobre nuestra humanidad: la capacidad de expresar una individualidad como jamás se había permitido y la necesidad de interconectarnos para lograr lo que el contexto nos exige para prosperar. Ser uno y expresarlo, ser en otros para prosperar.

La política es despreciada por las mentes más preparadas, estas prefieren desempeñarse en las ciencias y la técnica. Es como si el ejercicio del poder fuera algo que limitase sus capacidades o desviara su atención en algo poco interesante. La virtud está ahora al servicio de la Protopia y no de la Utopía.

Qué sucederá con un superhombre tecnológico en un mundo que no ha preparado las instituciones, las leyes, las fronteras; un mundo que no ha desarrollado nuevas ideas normativas, nuevos marcos conceptuales, un mundo en el cual a todo se le llama “post” y nadie sugiere un “pre” o un “novo”.

Gran desafío para el humanismo. No seguir por detrás a la técnica, sino tomar de la mano a la ciencia con ideas, con filosofía que la pueda catapultar mediante un diálogo fructífero. La historia muestra que la ideología y la ciencia se han influido mutuamente y la tecnología ha sido el resultado de ambas. Hoy no existe más ideología que el territorio de la competencia por los recursos, por la preferencias de las personas, por la expresión del individualismo. Por una especie de implosión social, en la que cada individuo es el principio y fin de todo. 

La libertad es extrema, cada uno es editor de su propia existencia. Se ha perdido la figura del maestro, del guía, del mentor. En la excedencia y la soledad cada uno navega por un mar inmenso, tan cerca de otros como la tecnología le permite y tan lejos como para saber que una conversación existirá en la medida de su utilidad para lograr la propias metas.

La democracia tal como la conocemos parece agotada. El ejercicio del poder ha sido secuestrado y el gobierno de todo se basa en el interés de pocos. Lo que existe es mediocridad, ya los más capaces no eligen, el promedio baja, porque la moda baja. ¿Entienden? Las ideas, las buenas ideas, los seres virtuosos, los superhombres de Nietszche, están lejos. Han sido reemplazados por noticias efímeras, banales, lejanas, que se convierten en importantes, en las conversaciones diarias, en el contenido que usamos en el tiempo que tenemos.

Tamaño problema: como el del perro que persigue su propia cola. Ante la infinitud de la abundancia y la falta de orientación estamos forzados al ostracismo, a la soledad, a una soledad ignorante y superficial. 

¿Quién están preparados para vivir en soledad sino aquellos seres densos, profundos, enriquecidos por el conocimiento y la sensibilidad, quienes se han dado el tiempo para aprender y reflexionar? ¿Quién está en condiciones de decir, ese soy yo?

domingo, 4 de diciembre de 2016

Se abrirán un día ante tus ojos.

Se abrirán un día ante tus ojos las maravillas del universo y la sensación de magia que recorre la vida.

Un día sentirás el aire tibio en una tarde fría tapada de nubes negras que revientan con un ruido que estremece el cuerpo.

Un día te saciarás con agua y serás consciente del placer de la satisfacción de las carencias.

Un día te maravillarás con alguien dueño de un registro mayor del mundo.

Llegará el día que serás atraído por otra persona, sentirás el placer del complemento.

Un día sonreirás por las coincidencias que conforman gran parte de tu existencia.

Antes o después, ¿quién sabe?, el estupor que atrae al miedo tentará atribuirle significados extraños y colocarle nombres divinos a todo.


Un día, algo profundamente íntimo emergerá con la fuerza de un volcán. Ese día serás remecido. Ese día querrás mandar todo al diablo, que es el nombre que le diste a lo oscuro que habita en las personas, donde todo se desintegra. Ese día buscarás respuestas y, si la curiosidad es tu guía y el asombro tu recompensa, las encontrarás y les darás un nuevo significado y podrás terminar tu vida en paz.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Matías Movillo: la resistencia.


Matías Movillo se resiste pero avanza, corre, vuela, choca, sale herido. En la convalecencia piensa, se hunde en reflexiones, en sentimientos contradictorios. Cuando se recupera corre, no sabe caminar, no quiere intentarlo. El a-mor es su motor, a pesar de las consecuencias. 


Transgrede, molesta y tensiona, estira las posibilidades hasta que no resisten y revientan y se hacen trizas y se confunden con el polvo, potencia de todo y la nada misma que amasa con su intuición y voluntad y juega mientras toma el camino de siempre, el divergente, el que tiene obstáculos, competencia, complejidad, lenguaje, materiales extraños, densos y porosos por cuyos túneles transita sacando su cabeza por aquí, sus pies por allá, y sus manos tocan algo y su imaginación imagina un territorio epifánico que lo atrae y expulsa cuando lo conquista. Sale dañado, agredido, sufriendo de la burbuja que lo contenía, que palpitaba al ritmo de los pulsos eléctricos que en él producen una música particular, música de grandes pausas, importantes momentos de silencio, silencio incómodo sobre el que flota su soledad que a veces lo contrae y otras lo expande hasta fundirlo con los límites de lo existente creando la textura y el color, interpretando el gran tema, haciéndose preguntas, confrontándolas, una tras otra, en capas, que bajan hasta profundidades donde la luz no llega, preguntas que lo atrapan durante la vida, que se aferran a él para ser vencidas y para vencerlo hasta más no dar, hasta que el arte se agota, hasta que no tiene más que decir.






domingo, 25 de septiembre de 2016

Sostiene Pereira o la Nostalgia del Arrepentimiento

Antonio Tabucchi
¿Quién es Pereira? ¿Qué sostiene? ¿Qué es lo que prefiere no decir porque no viene al caso? 

¡Ay! ¿Por qué demoré tanto en encontrar este libro? Es de lejos el mejor que he leído este año y ¡cuándo no!, por una simple coincidencia, por la bendita serendipia lo encontré un día frío de invierno en una librería, allí, apretado entre los obesos clásicos de literatura universal. 


Pereira no necesita rostro, ¿alguien es capaz de imaginarlo? No es necesario, quizás solo decir que es un tipo culto, cansino, medio enfermizo y algo hipocondriaco. La muerte de su mujer lo ancla en el tiempo y le obliga a vivir en un purgatorio construido por él mismo cuyos muros lo aíslan de la realidad. Cómodo, con una rutina establecida y libros suficientes, espera que las cosas pasen como tienen que pasar.


Lo comencé en Manolo´s en Lima y
terminé en el Tavelli en Santiago
Pero llega Monteiro Rossi. ¿Quién no ha tenido un Monteiro Rossi en su vida? Cuando le pide trabajo este muchachón medio torpe y soñador se da cuenta, Pereira, que a pesar de su enorme talla, no afectaba las formas que lo rodeaban, que vagabundeaba invisible, peor, inservible por el mundo. De ahí en adelante, los malentendidos le arrojan luces como los haces que se lanzan a las partículas subatómicas para saber dónde están ubicadas. Su inocencia es insolente y es necesario que el destino muestre señales: ahí se le cruza en un tren la alemana tullida, allá el doctor Cardoso, el padre Antonio, Manuel, el garzón del Café Orquídea que va cambiando como cambia el dulzor de la limonada por la acidez recomendada por el médico y por el acontecer al que despierta. 

Pereira se siente mal. La infección que le impide ver las cosas tal como son es Rossi y sus secuaces. La incomodidad lo sacude hasta lo más profundo. Siente fiebre, somatiza su crisis. Sólo le queda la mujer que siempre le responde sabiamente, con voz sepia, llena del amor que él imagina. La vida se acelera, los acontecimientos se agregan paralelos, en capas, colisionan, obligando a su inteligencia exigirse al máximo; la emoción se acumula hasta llegar a nombrar lo in nombrado y se devela en esa decisión y en esa acción la cárcel en la que ha vivido por tantos años. 

Pereira tiene tanto de Gurov y Bartelby pero tan poco a la vez. Se sacude la inercia, se despega de su destino y escucha el llamado de su deber, quizás haciendo eco de lo que su mujer siempre le quiso decir.


Sostiene Pereira es una obra de arte que requiere de un mínimo de preparación histórica, un mínimo de cultura general, un mínimo de bagaje personal, un mínimo de tiempo, porque Sostiene Pereira se debe leer de un tirón, es como la merienda a medio día, aquella omelette a las finas hierbas acompañada por una limonada fría, sólo con una pequeña diferencia: es necesario saborearla desde una ubicación lejana, quizás desde algún otoño, de la nostalgia necesaria para comprender la grandeza de la historia y la humildad su narrador.



Este es el libro que leí.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Mis amigos.

Soy hombre de pocos amigos. 

Es un tema que me tomo muy en serio. 


Normalmente mis amigos son complejos, son seres con muchas ideas, ordenadas en capas porosas que se conectan unas con otras, de pensamientos que se agregan y se afectan entre ellos en procesos y reprocesos interminables. 


Mis amigos son personas inacabadas.


No hay nada fijo en sus vidas, sus puntos de apoyo cambian a pesar de permanecer anclados en una identidad basada más en fuerzas que en aspectos concretos. Son fuerzas que se reconfiguran a pesar de ser plenamente reconocibles. 


Son como son: evolucionan en breves lapsos donde se sumergen en grietas oscuras cuando la luz no los alcanza, donde no queda registro sino evidencia, en sus consecuencias, en sus obras, en nosotros.


Mis amigos son excéntricos, sus vidas están fuera de los ejes cotidianos, son los límites mismos.


Mis amigos aman la soledad.


Mis amigos son creativos, son inquietos, caminan en el borde de la curiosidad. Algunos parecen parcos, otros humoristas y otros temerosos. Algunos parecen fracasados y otros sabios. Al escarbar un poco, al intercambiar ideas e incluso palabras con ellos es posible identificar dónde radica la complejidad que exhibe el riesgo fundamental que asumen en sus vidas.


Mis amigos eligen sus batallas porque la guerra que pelean es íntima, la de su propia existencia. Ellos se enfrentan a la nada que colinda con los dominios de las fuerzas que los definen.


Mis amigos son valientes, sus motivaciones están más allá de los otros. Mis amigos son generosos: las consecuencias de sus decisiones y acciones sólo dejan enseñanzas en quienes quieren ver el valor que representan.


Mis amigos no tienen enemigos.


Me siento satisfecho de tenerlos. Son pocos, quisiera tener muchos así, luego pienso que no es necesario, porque cada uno es la totalidad de lo existente.

domingo, 10 de julio de 2016

Estación Limbo

ESTACIÓN LIMBO






Sebastián Lohengrin


2015










…en el vacío se fragua el mundo… 






1

Caerán mis lágrimas en la fuente de los hombres y llegarán al fondo, inmunes  a los ojos que reaccionan a la luz.

Engendraré conmigo al mundo, lo pintaré con palabras. Colmaré el infinito, no permitiré que los dioses se harten de mi.

Arrancaré pedazos al vacío, antes que envíen la muerte como un aguacero y apague las llamas que nacieron del relámpago y del azar.




2

En la bóveda del cielo, bajo ella fluye el universo. Mis pies no tocan la tierra, una silla me recibe. El silencio deja pasar los sonidos, mudos acordes confunden al tiempo. Observo al disco, su eje no coincide con el centro. Irregular, en delicado equilibrio con las fronteras, gira lentamente. La falda de un enorme monte penetra al océano y su agudo pico roza ambos polos. Los planetas se mueven concéntricos, las estrellas giran a su alrededor. Está poblado, seres animados viajan sobre él; regresan una y otra vez al mismo punto imaginando el porvenir. El trayecto les afecta, entretanto, las leyes ciegas e inmutables se les revelan, consumen su existencia preguntando y respondiendo ¿por qué?.




3

Cuatro oídos vigilan los confines, cuatro bocas anuncian la verdad. Mis extremidades alcanzan las cuatro puertas. Mi rostro se cubre con las cuatro máscaras. Tengo nueve corazones, uno por cada infierno; siete almas, una por cada cielo.






4

En el principio era el verbo, el verbo estaba conmigo, el verbo era yo. Él era conmigo en el vacío del principio y se manifestó cuando lancé un sonido que lo remeció. La perturbación parió a la existencia y ella a sus retoños que fueron nombrados. Millones de susurros revolotearon como flujos y reflujos, menos uno, que se perdió en la inmensidad del vacío.




5

Caigo de canto, doy contra el granito poroso. Giro como un trapecista. Un golpe remece mi piel, el frío eriza los músculos, un punzón penetra mi nuca. Reboto de nuevo. Sorpresa. Calor. Dolor. Agitación. Ardor. Aúllo.

El sol desaparece detrás de una nube, la lluvia golpea mi espalda desnuda. El agua trepa por mi vientre, por la espalda, avanza por la boca, anega la nariz. Sube, sube. Se inunda el almacén de oxígeno. El corazón rebota, busco una salida, lanzo manotazos, muevo las piernas inútilmente. Todo se detiene.



6

Delgada brisa, bostezos de migas. Párpados pesados, cortinas de plomo. Nada interfiere con el sueño que se acerca como una ola a su orilla.

Convertidos en una mancha de formas quietas que vagan sin interrupción, siguiendo un pulso que no pronuncia, los Señores de la Oscuridad y de la Luz intercambian el silencio con palabras que exilian al destello y la sombra, palabras que encajan como los hilos de las leyes del universo. Antagonismo, belleza sublime, absoluta. Ascienden expandiéndose en una sinfonía inmóvil.

El tiempo baila, los números se engranan, el cosmos observa las letras engarzadas en un anillo dorado que rodea la bóveda celeste. De las profundas cavernas del vacío destellan las virtudes en el cielo. La verdad se deshace en burbujas y el universo murmulla.




7

Espasmo ausente, palpita en ecos; la última brisa de otoño se refleja en la noche ondulada sobre la ensenada, los pastos artríticos mecidos por el viento, el agua salada que ahoga al río, el alerce alimento de las termitas, la nube negra que engulle a las demás, los rayos que parpadean sobre la luna anhelan enmarcar las lágrimas con palabras. Revientan en el intento y retornan pulverizadas al inicio.

Los velos caen lentamente como cortinas de humo,
como cortinas de garúa caen lentamente. Se aquietan sobre las cosas, una delante de otra. El río de una orilla fluye implacable. Respiro aire y agua, me golpeo contra las rocas. Las cicatrices enmudecen. El río está furioso. Imito a los peces, fracaso. Floto con los pies por delante, voy. Siento el sol en el rostro, olvido.





8

El frío arrecia, la lluvia cae, regreso del colegio y siento los golpeteos de su corazón cabalgando con los míos. La luz de la pantalla es apagada por la hora, las sábanas pesan bajo las frazadas que me cubren como una hogaza salida del horno. Sueño con un sueño que me sueña. La alarma se adelanta a la madrugada, la ducha tibia tiene olor a lavanda, la menta se evapora por mis narices, el frío eriza mi piel. Camino al colegio. En la puerta nuestros ojos se encuentran, (mi corazón se llena de vanidad porque tengo su atención). El invierno rebota en los pasillos. Las nubes se enfurecen porque jugamos en el patio. La tinta inútil llena los cuadernos, el fin de la jornada coincide con el hambre insaciable. Camino aliviado hasta la puerta, mis ojos esperan encontrarse con los suyos que me esperan impacientes. Sonreímos al destino, las nubes ceden, la última ráfaga sopla sobre nuestra adolescencia. El invierno se lleva su imagen entumecida con él.



9

Voy con mis padres de la mano, el aroma del ciruelo en flor nos acompaña. Quieren que apure el paso, mis piernas se resisten, es de mañana, queda mucho para regresar.

Los edificios están abrigados por el mármol, las conversaciones se acumulan, el musgo es soberano.

Mi cuerpo se refleja en las vitrinas, se hincha como un globo sin paredes.

La gente, el aroma se desvanece.

Desorientado, las palabras se anudan en mi garganta.

Tiemblo, ningún lugar parece repetirse.




10

Las luces repican en los ojos. Carcajadas, bocinas, música, llantas y chillidos de hambre, miradas desconfiadas, lata limosnera, susurros, taco, taco, taco, taco, pantallas en movimiento. Una puerta se arrastra, retumba en los muros que se elevan como farellones infranqueables. Las ventanas fraccionan el día en un crisol de realidades, tiempo rebanado en jirones encapsulados. Los verdugos del silencio domestican la existencia, agregan tiempo inútil, la hierven despellejándola sin piedad y luego la rellenan con palabras sin sentido.

Nergal y Pazuzu se alzan sobre el pórtico más antiguo. Abren sus ojos en el umbral del crepúsculo donde la luz se empoza en los ojos de Virgilio. Beatriz se levanta la falda para mostrar sus piernas varicosas, Polimnia vomita arrodillada en la vereda. Dante juega a los dados con Tulio. Eykem intercambia palabras y caricias con Venus.

La ciudad brilla de noche, el cielo refracta su luz, ella no quiere escapar al infinito sino develar sus muros firmes y agrietados. Un ermitaño camina hablando sólo, bajo la sombra de un denso bosque cuyos árboles solo él puede esquivar. Los ladrillos se ordenan dirigidos por el equilibrio y la simetría. Veleidosos, se mueven en un continuo fluir entre el susurro y su opuesto.

El sueño me bate, la imaginación es un pesado baúl.



11

¿Dónde estáis, jovencísima, que siempre me despiertas a la hora matutina, dónde, oh luz?

Ese jueves… aquel jueves que te vi yo desde mi terraza, saboreando el dulce de leche en mi boca. Enero incandescente. A las tres de la tarde salí a la calle con el recuerdo del sabor en mis papilas, porque te vi al finalizar el almuerzo, cuando mis hermanos ya se habían levantado de la mesa y yo, rezagado, quizás sabiendo que aparecerías, te imaginé entre las ráfagas rebeldes que encanecen al océano: tu cuerpo delgado, tu rostro afilado, tus ojos negros, tu blanca piel de adolescente, tu boca de labios pálidos, la fibra de tus muslos, el color anisado de tus cabellos, las curvas de tus pestañas, la dulzura de tus pómulos, el control de tus movimientos, la extensión de tus dedos, la paz de tus facciones, la sutileza de tu sonrisa...

Repito todos los días, a la misma hora, como si fuera un ritual, niña manjar, los movimientos que me hicieron verte. Salgo a la calle una y otra vez, lo hago hasta el cansancio y no te encuentro. Lo hago hasta que las madres con sus hijos regresan, cuando el día envejece una y otra vez y suspiro ante mi fracaso y te guardo hasta el siguiente amanecer.

¿Dónde estáis, jovencísima, que siempre me despiertas a la hora matutina, dónde, oh luz?

Pregunté tantas veces por ti, mi niña del jueves, pero nadie le puso nombre a tu rostro, a pesar que te describí como nadie podrá hacerlo jamás.




12

Ingreso con la vista alzada, sigo el movimiento de las campanas, el sonido llega tarde a mis oídos. Traspaso la puerta de los hombres. La luz del sol se disloca en los cristales de colores. Enormes lámparas parpadean en la espina dorsal de la nave. Avanzo por un pasillo lateral hasta la primera fila. La diosa madre, su consorte, su hijo, el misterio y su séquito me observan con ojos secos y compasivos. Bajo la vista al relicario, el cirio está prendido, la guío a la alfombra roja que avanza por el pasillo central y la deposito en mis manos. Repito un canto en silencio que adormece mi imaginación. Los pensamientos se diluyen como mantequilla en el fuego. Lanzo mi voz en un murmullo que rebota en la piel de dios. La vibración del aire sube por la garganta, reverbera en la cavidad de mi cabeza, se empoza en la nuca y el silencio aislado y sin residuos recubre sus paredes. Los ángeles revolotean. El corazón está apaciguado, las extremidades a merced de la tierra, las ventanas ciegas al mundo, la espalda curvada como el muro de un castillo cerrado a los invasores. Arrodillado, la cabeza se apoya en las manos abiertas que la reciben con seguridad.

Dentro de la jaula transparente, cae la persiana negra,  discurro sobre la roca pulida del tiempo. Soy agua que fluye por todas partes, nada queda sin que yo lo anegue.



13

Es nuestro, el mundo, es nuestro el poder irrefrenable; convertimos la luz en vida, el agua en vida, el viento en movimiento. Tus pestañas atrapan el mundo y lo deja reposar y giramos como bailarines derviches tomados de las manos; giramos, giramos mirándonos a los ojos, fundiéndonos como el mercurio y nos traspasamos mientras giramos, giramos, giramos y nuestra alma se expande como espuma, copando todos los rincones del universo.

La luna es testigo de nuestro amor, de la fuerza que se diluye con los rayos del sol, sol al que le rinden pleitesía las leyes y la conciencia, pero nosotros, amor, amanecemos en la penumbra del día, cuando la luz se oscurece, cuando baja la temperatura lo suficiente para necesitarnos, necesitar abrazarnos, abrazar amándonos, amar tu cuerpo y bailar nuevamente.



14

Son tan pocas las certezas, por ejemplo, el azul noche de tus ojos. Tan pocas como tu sonrisa de luna, que no puedo dejar de pensar en ese julio que me acabaste mientras estirabas tus dedos de raulí y tocabas las estrellas y yo miraba tus piernas abrigadas con el frío de tu voz. Flotabas sobre palabras limpias en la superficie tenue de tu garganta. Caminabas delante del brillo escarlata de tu pelo.

Recuerdo las lágrimas que escondí detrás de mis ojos, de mis pasos que intentaron quedarse atrás para que mis oídos, que presagiaban el fin, fueran engañados con la esperanza del arrepentimiento que nunca llegó.

Son tan pocas las certezas como aquella noche frente al lago, desvaneciéndote detrás del sonido de los tablones del muelle, con el volcán de testigo y las gotas de lluvia que lloraron sobre mi.



15

Extraño los colores que iluminan mis recuerdos, extraño el aroma que los desordenan. Extraño el sabor de tu piel, los acordes de tu risa. Extraño tus caricias, ellas sostenían el mundo.



16

Son tan pocas las certezas, como aquel día que me eché a dormir, agotado, recordando la advertencia de la anciana: “En Ralún el agua sube, siempre sube”. Mi sonrisa se expandió con suficiencia, estiré las piernas mirando al río en dirección al mar. Sus ojos iluminaron una parte de la oscuridad, vi un dragón que lanzaba agua cristalina y furiosa contra el océano. Parpadeó iluminando más arriba, donde la tierra estaba seca y resquebrajada y un bote moría de sed. La oscuridad regresó acompañada de un murmullo sostenido. Me asomé afuera. Las burbujas que ascendían, inexorables, reventando en las imperfecciones de la tierra seca, se convirtieron en las perlas estrelladas del cielo.

Son tan pocas las certezas en la vida como el agua que sube, que siempre sube en Ralún, donde el mar trepa, se traga al río, rescata al bote, yerma la tierra yerma y se retira al susurro de su profundo sótano.



 17

¡Flotemos!

Me tomó la mano y sentí elevarme con la marea que inflama el océano. Arrasamos con las islas. La brisa se estrelló contra mis oídos, la lluvia y la sed no me vencieron; fui Nut, ella Tefnut y curvamos la tierra.

Descendimos de nuestro bote y nos confundimos en el tiempo. Yo quería fluir, ella imaginaba. El pasado era una presencia permanente, una punzada penetrante y dolorosa. Me refugié en mis voces, ella en las de otros. ¡El mundo es infinito!, ¡para mi sólo un disco que gira! En la oscuridad, nuestras almas se reencontraron una y otra vez, se expandieron repitiendo palabras de altamar. Una criatura interrumpió el sueño. Lágrimas de colores cayeron en la almohada. Antes de imaginar su suave piel, sus manos en las nuestras, antes de encariñarnos con sus ojos de aceituna, con sus delicados pies, de imaginar su futuro, su primer cumpleaños, antes de elegir su nombre, de llegar a la frontera donde el instinto se confunde con amor, la asesinamos.

La tierra seca y resquebrajada se la llevó.






18

El juego del juego es vivir renaciendo ¿Hay algo de ello merecedor de llamarse vida? ¿Vivir para obtener abundancia: monedas para comprar máscaras, para gastarlas en el placer de hacerlo, para apostarlas en antojos, arriesgarlas en el precipicio de la deuda?

Atrapado en la sombra que se extiende por la espalda cuando supero el mediodía, cuando la ceguera del resplandor imagina el juego infinito, en esa pequeña brecha entre partida y partida, se produce una conmoción justo cuando, precisamente donde la oscuridad llega a su máxima expresión que dura tan poco pero lo suficiente para mostrar la soledad envuelta en la insignificancia de la inmensidad. No es posible escapar al minúsculo instante de lucidez, al momento que se expande como una cueva que alcanza el tamaño del universo, donde el demiurgo abre su boca y repite:

“El baile ha terminado. Ya os dije: que las máscaras eran solo espectros y se evaporarían en el aire. Y al igual que el tejido inconsistente de esta alucinación, también las torres coronadas de nubes, los palacios espléndidos, los templos majestuosos y el propio mundo inmenso y quien lo habita, todo se perderá, y como esta danza ilusoria, no dejará ni rastro. Compartimos materia con los sueños y en sueño acaba nuestra breve vida”. 




19

Adquirí el hábito de emborracharme para calmar la arritmia del corazón. La falta de aire desesperaba mis pulmones, el sudor frío anegaba mi libertad. Extinguí el hábito de curiosear sin éxito. Registré las preguntas eternas: ¿por qué las estrellas gotean?, ¿soy el hombre de tus sueños?, ¿por qué abres las piernas?, ¿me imaginas como el perfecto sustituto?, ¿por qué el viento tiene olor a sándalo?, ¿se acelera tu corazón al imaginarme?, ¿por qué una vez concebido, solo queda esperar la muerte?




20

Las leyes ciegas esconden la realidad en la sombra de mi inteligencia.

Ruedo colina abajo, me estrello con los pasos de una procesión. La memoria acumula aquí, vacío mi pasado allá. Sacerdote y redentor, contexto y profeta. Tumulto parlante y enajenado, causa inerte, inercia caudal, carne sumergida, intelecto entregado.

Camuflado como una hoja de pasto en el prado, la calumnia es evitada por el autómata que reproduce lo que lee, que comenta lo que observa. Soy legión, acomodo y metamorfosis permanente, prisionero de los gigantes microscópicos. Ventana espejada, eco de la celda, angustia, burbuja de azufre que no revienta.

Ingreso al laberinto de las ideas, escucho conversaciones: ¿cómo redactar el mundo y poner en práctica la imaginación?, conceptos de pizarra, polvillo de tiza.



21

¡Me quiero arrancar la piel! Mis nudillos sangran. ¿Por qué todo esto? El tiempo es un basurero, lo poco que sirve de mí es insumo para otros. Ensordezco.

¿Por qué todo esto?, ¿Para qué? ¡Para qué! Corro hasta que el corazón salta al pecho y sube por mi garganta buscando una salida. Grito para perder el aire, la fe

¿Sobrevivir? ¡Ángeles, señores, seremos ángeles! ¡Energía, señores, seremos energía! ¡Nada señores, seremos nada! ¿Qué importa todo esto?, ¡seamos parte del vertedero universal!

Vivio bajo el mandato de un dios que sólo quiere morir de frío.



22

El agua se deja atravesar por tantos puentes, es sometida a tantas exclusas, a barreras que la acumulan en un intento de dominarla, ¡cuántas veces se empoza y pudre en los meandros de la mediocridad!, infección que se diluye en los rápidos que avanzan prístinos hacia el mar de la eternidad.

La sangre late en la bisagra de las generaciones, palpita pura en las arterias que ven su amanecer, pulso sincronizado con el cosmos, pequeña creación en medio del vacío.

Retoño, llegas como una extensión genética, carne animada, sobreviviente vencedor de la primera batalla que te da derecho a respirar. Al abrirlos, el brillo de tus ojos me introduce al pasado en tu porvenir. Necesito un mundo dúctil que pueda modelar con mis sueños para ti. Si no pudiera hacerlo, acudiré a los ángeles, ellos cosquillearán mis neuronas y harán llegar a la bahía de mi ingenio los recursos para que puedas extender tus fronteras en los años que el destino te permita existir.

La vida me anima al verte, también se derrumba, veo mi muerte en la tuya. Tan breve somos, yo más que tú, ahora que has nacido.




23

Mediavida. Aterrizo, el metro me acerca a pocas cuadras, camino envuelto en el aire seco y frío de las diez de la mañana. En la dirección adecuada una bocanada tibia acaricia mi rostro, la última mesa me espera como siempre. La música gira como una rueda; el techo de madera, apuntalado por gruesas columnas, me recuerda la casa de campo que alguna vez habité. El sabor del café es extraño, en su terrosidad esconde la paz de un sustrato fértil sin ambición. El cuaderno ansioso espera sobre la mesa, tomo la pluma, apunto al papel, exprimo frases, el árbol no tiene raíces, la inspiración se ruboriza de vergüenza. El conflicto ausente desmotiva la palabra (¡cállate, llena el mundo con silencio, las palabras hoy distraen!), la música habla con notas distantes. Fijo la mirada en una cava alta y delgada. La calma discurre con nostalgia. La estufa está prendida, se alimenta de trozos de madera. El bufido hirviente y purificador de una máquina interrumpe cada cierto tiempo como la locomotora de un tren expreso que no lleva a ninguna parte. Observo el cuaderno, es inútil, nada saldrá hoy, nada quedará impreso más no sea en mi memoria. Lo guardo con cariño, hoy no podré perder el tiempo trasvasando palabras de un lado a otro. Afuera hace frío, la gente camina y yo me diluyo en el deseo de quedarme aquí para siempre.



24

Me arrastro entre sus páginas secas. Intento recordar, con la angustia en la garganta, la combinación de palabras. ¿Cualnosé! Me fue sustraída en el confín del inicio y arrojada al futuro. Camino ciego hacia ella que me atrae escapándose. Su aroma se aleja nunca lo suficiente. Camuflada en mi sombra cambia como lo hago yo. Soy el punto de su destino, la serpiente que se recoge en su extensión infinita, la nube que cambia con el viento. Incompleto, me está prohibido decir: aquí yazgo yo.




25

En cuanto juego de fuerzas – dice quien comprende estos asuntos – juego de fuerzas entre lo uno y lo múltiple, fuerzas que aumentan aquí y disminuyen allá, un mar en sí mismo de fuerzas enfurecidas y agitadas, transformándose eternamente, regresando al principio en flujos y reflujos, desviamos la atención al destino que aseguramos conocer.




26

Florecen nuestras palabras y ya añoramos su recuerdo.

Si describir mi vida fuera, lo haría rebanándola en los episodios de nuestras conversaciones. ¿Qué explicación puedo darle?: ¿la conjunción de los astros, la expropiación de nuestro pasado, las preguntas prohibidas, el asesinato de la divinidad, la distancia? Somos poderosos, nada es capaz de impedir el cataclismo cósmico que significamos entrelazados. Nuestros brillantes paréntesis reaniman al mundo. ¡Qué importante es mirarnos las caras, comprender la necesidad mutua del otro! Burlamos al tiempo cuando nos internamos en sus profundidades. En la brevedad producimos placer escuchándonos, enriquecemos el universo en el alma que inventamos. Prodigiosa es la comprensión, nos anudamos en ella, confeccionamos máscaras para destruirlas, inventamos laberintos de preguntas, hablamos del atrevimiento del amor y del consuelo, abrimos los caminos con el machete de la herejía. ¡Qué silencios, vacíos plenos de posibilidades!
Impresas con fuego, nuestras palabras interceptan mi devenir.




27

Las nubes se cierran. Lluvia tibia y exuberante. Sin testigos, escalo un edificio muerto que corona el recorrido de la ciudad sagrada. Una puerta invisible desde abajo aparece antes de llegar a la cima, la curiosidad ingresa antes que yo y me guía silenciando las advertencias del instinto. Muros de roca, río reverberado, descienden hasta donde la luz no puede estirarse más. Un destello rebota en la piedra pulida, titilea el claroscuro desnudando sutilmente una inscripción en el techo que baja en forma de dos serpientes aladas entrelazadas abrazando el túnel en dirección a la puerta donde termina el camino. La advertencia sube por la espalda y se ancla en la nuca. Enciendo la linterna y la apunto adelante. Un susurro de aire mustio interrumpe mi siniestra, otro (quizás el mismo), la diestra. La luz se detiene en un enorme cajón de obsidiana, el corazón martilla, estoy frente a una tumba que se extiende horizontal en el centro de una caverna que parece llegar a la punta de la pirámide. Susurro: “Pakal”, “Pakal”, “Pakal”. Inspiro y exhalo invisible. Retrocedo cuidadosamente hasta que un muro me detiene. Busco la salida sin éxito, no hay puerta alguna. La tapa azul se eleva, flota en el aire hasta perderse. La vista se nubla. El silencio vuelve a hablar: “K'inich Janaa´b Pakal”. Parpadeo, un aroma cítrico invade la cripta. Un espectro vestido como el rey tallado me atraviesa con sus ojos. Soy atravezado por su destello opaco que anuncia la luz delirante. No veo los miembros del sol, ni la potencia vellosa de la tierra, ni el mar; hasta tal punto estoy inmóvil en el denso secreto de la Armonía, soberbiamente feliz por la plena soledad que reina.





28

Murmuro en el eco del tren subterráneo, en la conversación distraída, con el primer café de la mañana, en la rueda que gira, con la música del mercado, en la luz roja, con el aire en el rostro, en la micción placentera, en el sueño liviano, con la armonía dodecafónica, en la astringencia del vino, en los pasos perdidos, en los ojos de la mujer insípida, en la conversación inútil. Explosión de respuestas que buscan ser fertilizadas, pulsos inasibles, intuiciones transparentes, rebosantes de verdad.

Recipiente, recibo el maretazo. Rebalso en él, arrancado de mi mismo, impregnado en el remolino. Anegado, con la respiración contrahecha, boca arriba, escucho el escurrimiento.

¡Maldita arena entre mis dedos!

Solo queda este puñado de infinito.



29

Debo arroparme, el tiempo se enfría. Esperaré la primavera sentado en el sillón con una manta sobre mis piernas. ¡Ah! el paso del día a través de la ventana. Tomaré un libro y es posible que camine al mercado más seguido. Veré televisión, iré al cine, recibiré visitas, así conversaré como las hojas en estío.

El relámpago, el trueno, la lluvia, la ráfaga. La lluvia, la ráfaga, la lluvia, el relámpago, el trueno, la lluvia, la lluvia, la lluvia, la ráfaga, el relámpago, la ráfaga, el relámpago, el trueno, el relámpago, la lluvia, el trueno, el trueno, la lluvia, el trueno, la lluvia, la lluvia, el sueño.

Una puerta de palabras fracaso colocar en la avería del equinoccio. Crujo al vestirme, las rodillas chirrían, un aguijón punza mis tobillos. El espejo está empañado, la barba se asoma. Salgo a caminar. Me dejo llevar por las imperfecciones de la calzada, disfruto viendo los charcos embarrar mis botas. Una gota lucha por abrazarse a una rama, a contraluz su cristalina transparencia se estira, el suelo la atrae pero ella no quiere abandonar la corteza del árbol que la sedujo. ¡Ay! fertilizar la tierra es su destino, ¿será posible contrariarlo?




30

(Los colores están apilados. Las notas se arriman. Los aromas se derrumban. La lengua repele al verbo. La piel palidece). ¿Has cantado tu vida?. (Negué con la cabeza). ¿Es una historia digna de tus hijos? (Negué el asesinato). (Silencio). (Dudo al insinuarse la oscuridad al evento de mi muerte). Ni prolongando la vida le quitarás una pizca, ni por mucho que desees agregar tiempo al paso por la tierra lograrás estar menos tiempo muerto. (Pensé en el polvo, no fue suficiente, intento recordar el monte). No te engañes, en ninguna parte los lugares de la luz y de la sombra son propios, ni las emociones se adhieren para siempre a su carácter. (Aprieto los labios, abunda el sabor de la sangre). Te dormirás en el mismo descanso que todos, la naturaleza carece de amos soberbios, mientras vives el mundo es infinito en todas direcciones, después de ello, se expande en el vacío eternamente.  (Los anaqueles de la memoria brillan, los tomos de la vida se diluyen. La conciencia planea sobre los dominios del tiempo, me elevo a la oscuridad).



31

Seré otoño en verano, éste será el día más caluroso. La sangre no me recorre, renguea mi memoria.

Las hojas mueren en otoño, yo siempre lo hice en verano. El sol cierra mis párpados, seca mi piel, el sudor cae como jugo salobre.

Este será el día más caluroso. Soy follaje inmóvil, cáscara esplendorosa, lirio de mi amada que sostiene el pañuelo triste.

Ella me dará encuentro donde el camino se confunde con la sombra de la noche.




32

Del cielo cae un péndulo sostenido por un hilo de oro, su punta se arrastra rozando la superficie. De un lado a otro traza líneas onduladas que se extienden hasta los confines del disco que flota por el universo. En cada ciclo las nuevas huellas reemplazan las anteriores dejando vestigios que luego se ocultan de la memoria con el deseo impreso de su descubrimiento.




33

La vida decae tan lento que parece flotar.

Deambula como la botella de un náufrago a merced de las mareas del destino. Su contenido, fraguado por el tiempo, por la espera, por la soledad, se pone en contacto con el mundo.

Un velo delante de otro oculta la verdad y lanza la imaginación al lienzo del futuro.

Tragedia o comedia, nada de lo que usamos sirve para recuperar lo perdido, son solo palazos de arena que intentan reconstruir el castillo que somos.


La soledad nos olvida, erramos buscando en otros lo que se fue con ella.