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domingo, 11 de junio de 2017

"LECHE" PURA VIDA O EL AUTOENGAÑO EN EL QUE VIVIMOS

La publicidad es una práctica ancestral. Los griegos publicitaban su teatro, los romanos su circo, las iglesias sus dogmas y las empresas sus productos.

Una marca hace publicidad para persuadir a las personas para que compren sus productos y no los de la competencia. La etiqueta de un producto cumple dos funciones: destacar en el punto de venta para “atraer el ojo” y la intención de compra, y entregar información del producto al consumidor para que éste pueda evaluar sus propiedades y características.

El engaño se da cuando una de las partes decide omitir información de forma intencional o manipularla para hacer pasar un producto, servicio, oferta o promoción por lo que no es, con la intención de verse beneficiada.

La peruana es una sociedad muy particular, si una empresa pública, como Sedapal, falla en reiteradas ocasiones, la sociedad la perdona, pero si esta es privada, digamos Edelnor, la castiga y denuncia. Si un avión de una línea aérea peruana pierde una rueda en un aterrizaje, digamos Peruvian Airlines, se trata de una falla menor; si eso le sucediera a una línea aérea internacional, por ejemplo LATAM, entonces hay que echarla del país. Si un instituto de idiomas informal engaña y se roba el dinero de sus alumnos, se le echa la culpa al muchacho por no darse cuenta, pero si un banco es sancionado por la letra chica confusa (aunque esté dentro de la ley) todos piden una sanción ejemplar.

En un mercado de consumo masivo, existen tres actores: las empresas, las personas y el estado. En el caso de Pura Vida, las tres partes fallaron: la empresa, en no procurar transparencia y claridad en su comunicación; las personas, en informarse o denunciar y hacer pública la denuncia en el caso de su inconformidad y; el estado, en no definir normas puntuales y definitivas y hacer un control proactivo y comunicar sus acciones y resoluciones de forma clara a la población.

¿Por qué este caso ha tenido tanta repercusión? Porque la denuncia se hizo desde un hecho internacional, lo que desencadenó una reacción en cadena en la que los participantes (empresa, persona y estado) se vieron expuestos a sus faltas: las personas al no leer lo que compran y no denunciar cuando debe hacerse; la empresa al traspasar los límites éticos en busca de sus intereses particulares; el ente regulador al demostrar su incompetencia para hacer su trabajo (ya sea por control o por su accionar considerando los intereses de un gremio o de la empresa).

La peruana es una sociedad cínica que se acomoda a la situación, una sociedad dominada por el facilismo y las fuerzas conservadoras (incluso entre aquellos que se denominan liberales). Una sociedad que parece haber decidido por la modernidad solo como una máscara, porque la forma de hacer las cosas no ha cambiado.


Todos somos responsables, Pura Vida es solo un ejemplo (otro más) de lo que sucede, es una demostración de que Perú es un país donde el engaño y el autoengaño se han convertido en el “modus vivendi” y el “modus operandi”.

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