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martes, 5 de febrero de 2019

El Peruennial


Hace poco tiempo conversaba con un amigo sobre los millennials y el cliché y lugar común que se ha convertido hablar de ellos como si fueran una casta oscura, difícil de descifrar, como si fueran una especie de tribu que se rige por motivaciones y necesidades ajenas al común de los humanos. Él, un reputado hombre de investigación, analista y consultor, me dijo algo muy interesante: - Benjamín, en el Perú los millennials son de actitud pero no de estilo de vida. Me quedé pensando en aquello por varios días. Es posible. La realidad normalmente dista mucho de la percepción y los prejuicios. A pesar de que muchos de los chicos que conozco y trabajo calzan a la perfección con la descripción que indica que les gusta la libertad, viajar, son pragmáticos, conectados, etcétera, al investigar un poco más caí en la realidad. La visión sesgada de cómo son se debía a un sesgo cognitivo: extrapolaba a la población lo que para mi es un caso típico, como es el de rodearnos de muchachos millennials que calzan con la descripción de manual, pero no representan a su generación en el ámbito donde la describimos. ¿Y cómo es en el Perú? Si tomamos el rango de edad de esta generación, ronda los27 años, y aquí: - 51% trabaja de forma estable y 11% estudia. - 45% no ahorra. - 63% vive con su familia (la media mundial es 39%). - El 70% tienen ingresos bajos y 59% pertenece al NSE Bajo. - La mayoría está casado o convive y casi un 25% tiene hijos. Comparten características de su generación a nivel mundial gracias al acceso a la información, a los contenidos, a los viajes y modas. - Son críticos (no están conforme con el estado de las cosas). - Son movilizados (emiten opiniones y las hacen públicas). - Tienen voz (87% 2 dispositivos o más. 100% con RRSS). ¿Será que los pocos recursos con los que cuentan genera frustración o es un aliciente para salir adelante? No lo sé y creo que el contexto les hace las cosas más difíciles. Una mezcla explosiva: - Demandan libertad. - Son participativos. - Transmiten un estilo de vida y experiencias que no son las recurrentes. - No están detrás de lo más barato, sino de lo más conveniente. Las marcas los movilizan. - Desean pertenecer y a la vez diferenciarse. - Son más informados, pero no necesariamente más educados o cultos. Son dos grandes fuerzas las que pugnan en esta generación (me refiero a la mayoría): una que los llama a vivir libremente el presente, confiando en sus capacidades y otra, la que los contextualiza en la realidad que les tocó vivir. Quizás esa sea la diferencia entre los Millennials del mundo desarrollado y el Millennial peruano, al que le podríamos llamar Peruennial: un millennial de actitud pero no de estilo de vida. Fuentes: http://revistasinvestigacion.unmsm.edu.pe/index.php/administrativas/article/view/11699 http://www.datum.com.pe/new_web_files/files/pdf/Millennials.pdf https://btpucp.pucp.edu.pe/archivo-reportajes/millennials-en-el-peru-una-generacion-con-grandes-oportunidades-laborales/

viernes, 25 de enero de 2019

La Indignación Disruptiva





Un fenómeno recorre el mundo, a pesar de ser un sentimiento antiguo y recurrente. La indignación se manifiesta como lo hace el dolor o la alegría, es parte de nuestra herencia más antigua, la que reacciona instintivamente a los sucesos que nos rodean. Uno se indigna con uno mismo o con algo externo. Con nosotros por un error que pudimos evitar o cuando nuestro auto se detiene por una falla mecánica.

Se amplifica gracias a las nuevas tecnologías y a los ideales de libertad y democracia que todos defendemos pero que parecen tan precarios.

Cuando la indignación cae en terreno fértil se producen cambios muy interesantes. Las buenas ideas nacen de la indignación:

“¡Carajo!, me están robando el trigo, pero no sé cuánto”, debió gritar un rey sumerio cuando ordenó la solución que terminó en la escritura y los números. “Estoy harto de que los ingleses sigan subiendo sus impuestos, como si fuésemos sus siervos”, pudo reflexionar George Washington ante el abuso del Imperio con su colonia. “¡Nadie se fija en mi!”, quizás gritó el creador de Facebook en un momento de desesperación. “¡Dónde está la información que necesito!” pudo pensar, desesperado, el creador de Google cuando necesitaba hacer un trabajo en la universidad. O “¡Este café sabe a cualquier cosa!”, el de Starbucks antes de inventar su sistema de cafeterías omnipresentes. Imagino al de Uber perdiendo una entrevista de trabajo por no encontrar un taxi, o al de Airbnb desesperado por buscarle alojamiento a alguien. Quizás, Guttenberg estalló de ira cuando se rompió por enésima vez la base de madera con la que imprimiría un encargo. Es posible que Alexander Fleming creara la penicilina indignado por las muertes por infección en la primera guerra mundial.

Cohetes de SpaceX aterrizando.


La disrupción se convierte en una solución cuando es adoptada por la sociedad o por el mercado y genera un cambio en la industria en la que participa. Así vemos hoteles que no son hoteles, taxis que no son taxis, telcos que no son telcos, universidades que no lo son.

¿Qué condiciones requiere una industria para ser sensible a una disrupción? Según MIT Sloan,

1.- Que esa industria esté muy regulada o que la autorregulación sea muy estricta (solo piense en Seguros o Banca).

2.- El modelo de costos de la empresa o de la industria sean difíciles de entender (imagine al pobre Blockbuster con su alquiler con multa versus el de Netflix y su suscripción on-demand).

3.- Que la experiencia de los clientes no sea positiva, solo basta con que sea neutral (pobres taxistas).


Si eres inflexible, nadie entiende bien por qué cobras lo que cobras, y nadie está dispuesto a defenderte, el mercado está listo para experimentar una nueva solución.


www.ifixit.com

 I Fixit es un caso muy interesante. Su fundador, Kyle Wiens, arrancó esta compañía motivado por la indignación de no encontrar un manual de reparación para una máquina Apple IBook G3, por lo que decidió que todo el mundo tenía el derecho de arreglar algo que había comprado. Su indignación debió crecer a límites estratosféricos cuando se topó con la realidad de que el negocio de Apple y muchas otras marcas era que las máquinas que vendían debían ir a sus servicios de reparación, con precios exorbitantes de arreglo, y si no te gustaba, bueno, debías comprar otra máquina. Hoy, I Fixit es una compañía de millones de dólares, que es odiada por los principales fabricantes de todo tipo de artefactos porque le ha permitido a millones de personas en todo el mundo tener la posibilidad de arreglar lo que ha comprado.

Durante años, Apple fue el ícono de la disrupción y ahora es víctima de ella.

Nadie se salva de la indignación disruptiva.