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sábado, 14 de noviembre de 2020

Élites en Crisis


17-11-20
Dejando de lado el entusiasmo, hasta este momento, en términos de presidentes, tenemos lo siguiente: el nuevo habla lindo, el anterior no dijo nada, el otro tenía 70% de aprobación y nadie lo defendió, al flautista lo sacaron a patadas. Los que siguieron al que renunció por fax están presos, uno de ellos se suicidó. ¿Será que es hora de cambiar o seguirá la cosa igual? Mantenerse alerta es lo más importante.

14-11-20
Hasta que las élites no entiendan que la indignación es contra de ellas y no a favor de una ideología específica, no podrán reaccionar y seguirán mirando su ombligo y echando la culpa a un demonio que no existe. Las élites son las grandes responsables, élites dispares, egoístas, corruptas y soberbias y, los pocos que pertenecen a ellas y hacen las cosas bien, no alcanzan para cambiar las cosas.
La gran mayoría de quienes protestan lo hacen en contra de ellas y de su forma de actuar. La mayoría acepta la meritocracia, la libertad y el mercado. Lo que piden es más justicia, dignidad, derechos e igualdad de oportunidades. Siempre habrán grupos de interés buscando una oportunidad para rapiñar, siempre habrán grupos conservadores de izquierda y derecha esperando quedarse con algo, pero ahora el tema es mucho más grande.
No imagino a ninguno que protesta renunciando a la posibilidad de educarse, de prosperar, de tener cosas, de vivir mejor, de comprarse un iPhone o unas zapatillas Nike, no imagino a ninguno enclaustrado en un lugar sin posibilidad de viajar y conocer el mundo o de, siquiera, tener la esperanza de un futuro mejor.
¿Qué se viene ahora? O el fin de las élites tal como las conocemos hace doscientos años o su reinvención. Quizás el Bicentenario del Perú esté más relacionado con inaugurar el futuro que con celebrar el pasado.

13-11-20
Qué importante es lo que está pasando. La gente está enrabiada y la indignación se rebalsó. La rabia es difícil de controlar porque es la más impulsiva de todas las emociones. Es difícil de controlar porque nos enajena y tiene consecuencias muchas veces impredecibles.
Que no se olvide por qué se marcha, por qué se protesta, por qué se está indignado.
Que la rabia pase y queden las ganar de trabajar activamente para cambiar las cosas.
Hay que hacerse cargo de esta indignación para que en los próximos meses el país sea un mejor lugar para vivir.

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