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viernes, 18 de marzo de 2016

El perfil de las personas: La Matriz

El arte del conocimiento se basa en simplificar la complejidad. La simplificación es posible por diferentes recursos inventados por el ser humano, como el verso, las matemáticas, las formulaciones lógicas, las notas musicales y los símbolos. Una matriz es un diagrama, un diagrama es un símbolo que ubica en un espacio imaginario conceptos relacionados ya sea por afinidad u oposición.

Su antecedente es milenario, en Sumer, por ejemplo, se usaban para describir la disposición de una ciudad respecto de los dioses, en la era clásica para definir la posición de las las casas zodiacales, en el oriente para diseñar un mandala o simplemente para usarlo como herramienta para ejercitar la memoria. Algo mágico siempre terminaba emergiendo de las relaciones que en ellos se producían.


Diagramas-símbolos: Sumer, Grecia helénica, Tibet, Roma.

Las matrices son hijas de estos diagramas. Ellas nos ayudan a ubicar en un plano con diferentes variables ideas y/o conceptos que son posibles relacionar de alguna forma. Una vez identificadas las variables saltan conclusiones y emergen ideas que también nos parecen mágicas: la relación entre espacio y tiempo, entre la luna y el cambio en el estado de ánimo, entre la gravedad y la velocidad, entre una tecnología y una industria.

La personalidad humana es un misterio enorme, las ciencias formales e informales han intentado describirla para poder comprenderla y manipularla. Los avances en neurociencia nos dan una descripción detalla de los esquema causa-efecto que operan en nuestra biología y afectan nuestras percepciones y comportamientos. Sin embargo, cada persona es un misterio en si, más aun cuando no enfrentamos a uno por primera vez. En esto estaba pensando cuando se me ocurrió una matriz de personalidad, en la que se pudiera identificar la actitud de una persona en y hacia el mundo y su comportamiento como consecuencia.







Los ejes son de naturaleza diferente pero complementarias: Al eje "X" le llamé Comportamiento y al "Y", el eje de la Actitud.

Ambos ejes son "imprints", impresiones que el devenir ha dejado como una huella en nuestra genética y naturaleza.


Los Ejes

El Eje de la Actitud se refiere a la situación esencial de una persona, su actitud en y hacia el mundo: así existen posiciones que están relacionadas al Temor y otra a la Curiosidad. El Temor es entendido como el desequilibrio fundamental entre la dinámica del entorno y la capacidad de sobrellevarla. La Motivación promovida por el Temor es la pérdida, la desilusión, el rechazo o el dolor. En el caso de la Curiosidad, la motivación es opuesta, el aprendizaje, la sorpresa, la acumulación, la prueba, las expectativas y la felicidad que todo eso supone supera largamente el costo que significa el riesgo al fracaso.

El Eje del Comportamiento describe el territorio de acción característico de una persona. Las personas movidas por el temor buscan aprovechar las condiciones que le ofrece el medio en un momento definido. Las que se mueven por la curiosidad, intentarán modificar el entorno, ya sea en términos ideológicos o físicos. Los Cazadores son entes activos y modifican evidentemente la realidad. Los Recolectores lo hacen en términos de su pasividad y recogimiento. Podría existir una relación entre la necesidad de conservación y el temor, como la necesidad de cambio/evolución y la curiosidad. Los Cazadores-Curiosos buscarán un cambio de forma activa-en-el-mundo contingente. Los Recolectores-Curiosos, buscarán identificar nuevos modelos de interpretación que permita a los cazadores manejar el cambio con menos incertidumbre.

El Eje de la Actitud domina sobre el de Comportamiento, esto quiere decir que si una persona es temerosa, su comportamiento se moverá sobre el eje recolector-cazador: en algunos casos será un carroñero y en otros un parásito, según las circunstancias y las oportunidades. En el caso de una persona curiosa, lo más seguro es que se moverá entre la reflexión y el progreso y raramente pasará al eje del temor, ya que no está en su naturaleza.


Los Cuadrantes:

El Progresista busca generar cambios/mejoras/evolución sobre la dinámica contingente. Siempre va hacia adelante, y cuando regresa sobre el paso es para asegurarse que algo en el futuro no será una traba para lo que está desarrollando.

El Reflexivo es un explorador de las ideas, busca marcos conceptuales que permitan generar nuevos escenarios. De corte más intelectual, es característico de esta posición explorar el mundo en términos de conceptos, relaciones y fórmulas.

El Oportunista es aquel que se aprovecha de la contingencia para hacerse de un beneficio, normalmente relacionado a su persona o de su interés, sin agregar mayor valor, o destruyéndolo si es necesario o la situación lo amerita.

El Parásito busca sobrevivir de los excedentes que otros generan. El miedo lo agazapa contra una esquina existencial y trata de sobrellevar la vida sin mayores aspavientos no sea para poder mantener una posición que no le exija ni le haga correr riesgo alguno.


La Personalidad

La personalidad es un fenómeno emergente que se produce por la condición genética, la coyuntura externa, la relación con el entorno y los procesos mentales que reinterpretan la situación personal una y otra vez. Muchas veces recorremos estos cuatro cuadrantes en lo que va de nuestra vida, adicionando una variable más: el hecho de deambular en grupo o solo, ser gregario o solitario. En ambos casos, la personalidad se caracteriza más. Podemos jugar con las analogías del mundo animal, en este caso, por ejemplo: un solitario cazador es del perfil de un tigre, el del gregario cazador es el de un lobo, el del oportunista gregario, el de una hiena y así, podemos identificar la personalidad y su consecuente comportamiento con mayor certeza.



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