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domingo, 20 de septiembre de 2020

LIBERTAD Y FUNDAMENTOS



    ¿Estamos preparados para vivir un mundo que nos ofrece hacer lo que queramos?

    A pesar de que tenemos acceso casi ilimitado a información, a educación en centros de estudio de todo el mundo, a cursos de todo tipo en formatos a distancia, a conocimiento de primer nivel, a juegos y diversión, a foros de discusión, a conversaciones con amigos y colegas, a personas que antes no sabíamos cómo ubicar, a recursos para emprender un negocio, a fronteras abiertas, a medios de transporte para ir a cualquier parte del mundo, la polarización ideológica, la discusión pública decadente, los liderazgos populares, la falta de sustancia en los contenidos editoriales y de los expertos, la profusión de charlatanes atractivos, de conversaciones sin sentido, de afirmaciones sin rigor, el dogmatismos de todos los colores, la confusión entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo que funciona y lo que no, la angustia y el aburrimiento combinados en un vacío existencial no resuelto, en un principio me hicieron sospechar que, tal como pasa con la alimentación, el exceso genera empacho, intoxicación o enfermedad. 

    En una generación nuestro alimento social e intelectual se ha vuelto infinito y no hemos sido capaces de controlar nuestros impulsos y emociones ante tal abundancia. Nuestra inteligencia ha cedido y nos ha hecho esclavos de ella. Si alguien nos pudiera observar desde el aire vería que un algoritmo diseñado para generar ganancias económicas ha vencido nuestra capacidad crítica, que una idea política nos atrae como moscas a la miel, que una moda que no abrazamos nos deja fuera de una conversación, que esconderse detrás de una pantalla para agredir sin fundamento nos ha convertido en una manada de animales.
Ante la abundancia, hemos perdido la capacidad de elegir. No somos capaces de ejercer la libertad en estas condiciones.

    ¿Por qué?

    Por una crisis de fundamentos. No poseemos fundamentos para enfrentar la realidad. Un fundamento es el principio sobre el que se apoya una cosa. Es donde se apoya un arte, una ciencia, un experimento, una tecnología, una idea, un artefacto o una teoría. Pueden ser éticos, estéticos, científicos, lógicos, matemáticos, filosóficos, sicológicos, legales o tecnológicos. Para poder decidir sobre las ideas que nos rodean, las conversaciones en las que queremos participar, en cómo usar el dinero que tenemos, en proyectar un emprendimiento, en acompañar a nuestros hijos en su proceso formativo y en su crianza, debemos basarnos en ellos. 

    La libertad sin guía lleva al caos, la libertad con fundamentos nos obliga a ser responsables y exigentes con nosotros mismos. Los fundamentos despiertan a la curiosidad, a la imaginación y las ganas de saber y hacer más y mejor. Los fundamentos generan conciencia sobre lo correcto e incorrecto y nos hacen responsables ante las decisiones que tomamos. Nos permiten identificar lo verdadero de lo falso, las opiniones sin sustento.

    En la Grecia clásica y helenística, existía un concepto rector llamado Paideia, la forma de crianza de los niños en los cuales se les transmitían los valores (saber ser) y saberes técnicos (saber hacer). Una sociedad criada de esta forma fue capaz de producir personas que concibieron la filosofía, la política, el arte, la literatura, las matemáticas, que hasta hoy nos guía.

    Tremendo desafío: hacer un esfuerzo por adquirir y cultivar fundamentos que nos permitan ejercer de forma real la libertad en un mundo que nos ofrece todo sin mover un dedo.

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