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lunes, 30 de marzo de 2015

Televisión: La Cultura de la Basura


En todas las sociedades se cuecen habas, pero en la nuestra se cuecen en cacerolas más grandes. 




Por la ventana de un taxi impresentable salen volando varios pedazos de cascara de mandarina que terminan en la calle. Un poco más adelante sucede lo mismo con una de plátano, que es expulsada de una micro. En un día cualquiera de mucho tráfico en la carretera, una elegante camioneta 4x4 acelera por la berma dándole el ejemplo a una custer detrás para hacer lo mismo y ésta a los demás para convertir la vía auxiliar en una nueva pista.


HUMBERTO ECO, PARAFRASEANDO UN ANUNCIO EN DIARIO LA REPUBLICA, 27 DE MARZO DE 2015.








En un café se escucha una conversación entre dos ejecutivos muy sofisticados que arreglan entre ellos un negocio que aun no se ha cerrado. En una tiendecita algo blanca, lo mismo sucede con una mesa de políticos.



THE ECONOMIST 14 DE MARZO DE 2015, pp37
La gente en la calle es presa del sistema de coimas, de los acuerdos y arreglines fuera de ley: 1 de cada 4 peruanos ha sido o se siente víctima de la corrupción, una de las formas que adquiere la basura en la sociedad.

En la casa, la tele está prendida, el dial de los canales de señal abierta está saturada de con telenovelas lacrimógenas, repeticiones de series añejas, de programas de farándula y noticieros que se nutren mutuamente de los programas de concursos, llamados realities. Más basura. 

En el kiosko cuelgan periódicos anunciando el fin del mundo, una guerra con Chile, la crisis matrimonial de una vedette o el descubrimiento de la infidelidad de un futbolista. Saltan titulares de portada presentando ridículos niveles de aprobación presidencial, escándalos de corrupción y denuncias sin consecuencias. En las redes sociales, los medios más serios luchan por la atención con posteos de anécdotas sexuales, goles y de la sangre de los terroristas islámicos. Más basura.

Las conversaciones en la calle o en una reunión social nacen de esos contenidos que son consecuencia de la cultura de la basura, que no es otra que la mínima baza intelectual, la falta de puntos de referencia éticos y estéticos y la desorientación del escrúpulo y del trabajo bien hecho, marcado por los niveles de exigencia que mínimamente un ser humano competente debiera exigirse.


La élite gobernante y dirigente, a esa que pertenece usted, quienes tienen la posibilidad de cambiar las cosas son los principales promotores de esta basura: las-promesas-basura, los debates-basura, las-leyes-basura, las-reuniones-basura, la-creatividad-basura, los-productos-basura, los-proyectos-basura, las-obras-basura, la gestión-basura, los-medios-basura.




¿Y si los medios de comunicación son el espejo de la sociedad?

¿Y si la programación de los medios audiovisuales, digitales y escritos son el resultado y no la causa?

Y si los programas-basura son como esa cáscara de mandarina expulsada por alguien desde su auto, ¿de quién es el bolsillo que la compró, la boca que la comió y la mano que la lanzó hacia afuera?

Sin duda alguna, los dueños, directivos y ejecutivos de los medios y relacionados a ellos son los causantes del estado de las cosas en el ecosistema-basura de los medios de comunicación. ¿Cuáles son las barreras que los detienen para hacer los cambios que una mejor sociedad espera? 



¿Qué los paraliza? 


Quizás los incentivos para el cambio y la mejora están ausentes de la ecuación. Quizás falta competencia, quizás mejores profesionales, ideas, regulación, un público más exigente... 



Quizás las ganas de hacer las cosas mejor.




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