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miércoles, 13 de diciembre de 2017

Lucho, el Revistero.



Lucho fue una de las primeras personas que conocí en Lima. Pertenece al ecosistema del Café Haití, en el centro de Miraflores. El Haití es un lugar cosmopolita en el sentido clásico de la palabra y Lucho provee de lectura a sus clientes. 

En muchos sentidos dependo de Lucho y él depende de mí. Nos agregamos valor: yo le compro y él me provee de material de lectura impresa difícil de encontrar.

No solo le compro y él cobra, también conversamos. Me pregunta sobre tal o cual revista que le llega y yo le respondo, ya que muchas veces vienen en otro idioma y Lucho solo sabe leer en castellano. También vende periódicos de otras partes del mundo, pero es un negocio menor, con la excepción de los fines de semana, cuando el Haití se llena de turistas.

Decía que Lucho y yo nos relacionamos gracias a la lectura; él tiene un valor que yo aprecio y él encuentra en mi un cliente dispuesto a pagar por lo que vende.

Muchas veces lo he visto a punto de tirar la toalla por problemas económicos y lo he ayudado porque hemos entablado una relación de amistad y, por qué no reconocerlo, por temor a quedarme sin mis revistas. Es que leer una revista en papel como The Economist, New Yorker, Time, Business Week, entre tantas, disfrutando un café expreso o cortado en un salón repleto de gente es una experiencia que no tiene precio. En realidad sí lo tiene y estoy dispuesto a pagarlo.

Claro, he intentado más de una vez obtener una rebaja y él se ha negado, porque así no podría sostener su negocio. Siempre ha sido claro en ese aspecto.

La relación con Lucho me ha hecho pensar en la relación que las Marcas tienen con sus Públicos, o deberían tener. Una relación basada en la confianza y en el compromiso. En el valor.

Lucho me da lecciones sin que él lo sepa, y esas lecciones las traspaso a la forma de trabajar en mi negocio. Lucho me ha enseñado que siempre se puede agregar valor, a cumplir, a ser diferentes, a estar atento a cualquier oportunidad (¡cuántas veces me ha vendido revistas no habituales con el argumento de la prueba o la curiosidad!). 


También me ha enseñado a hacerme la siguiente pregunta: ¿Qué sería de mi si él dejase de vender revistas? 


Es probable que si las marcas tuviesen la respuesta a esta última pregunta, podrían definir de mejor forma qué valor pueden ofrecer al mercado y a la sociedad.

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