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martes, 2 de julio de 2013

Gestión de Contenidos: Llegamos tarde a la Revolución

Una de las características más sorprendente de esta época, es que cada vez existe menos tiempo disponible para no hacer nada, una nada entendida como ese momento de soledad donde nos enfrentamos a los pensamientos propios, a las experiencias que incorporamos a nuestro bagaje personal y que nos permiten formar una identidad propia y definir una posición personal frente al mundo. La irrupción de dos fenómenos han cambiado todo: la tecnología y la desaparición de los polos ideológicos.

La primera, en todas sus formas posibles, desde la omnipresencia (por medio de la comunicación a través de dispositivos móviles) hasta la fabricación personal (comprar una impresoras 3d ya no es una utopía), ha permitido generar un mundo denso, donde la interrelación es tan fundamental como el ansia de la diferenciación en el universo de individuos que intenta destacar sobre sus pares. La posibilidad de la comunicación mundial, de los medios de distribución a través de las redes sociales y de la fabricación no solo de contenidos, sino de objetos a costos de economía doméstica, genera cada vez más presión en las personas a quienes no les quedará más opción de seguir “estirando” el único recurso disponible: su tiempo.

La segunda nos presenta un mundo plano, definido en los ejes de la libertad y la democracia, de los valores de un mundo capitalista que nos indica que la creación y el intercambio de valor son las variables fundamentales de un mundo sin fronteras. Como nunca, tenemos la oportunidad de vincularnos con quienes queramos.

Con esta presión y escasés de tiempo, tratamos de picar lo que queda, ya sea en la luz roja, en el traslado del taxi o la micro, a la hora de almuerzo, cuando llegamos al trabajo, cuando terminamos una reunión, una tarea, cuando nos subimos al avión, cuando esperamos a un amigo en el café o cuando él revisa sus correos. La disponibilidad se fracciona en muchos micromomentos y en ellos tratamos de ver qué sucede en el mundo, como si lo que pasa en el del reloj fuese una de las tantas realidades en las que vivimos. Prendemos las pantallas y, como si se trataran de diferentes reuniones, revisamos nuestras redes sociales, los emails, vemos videos, la televisión, leemos el diario, escuchamos música o la radio, hacemos tareas, traducimos palabras extrañas o somos guiados para llegar a algún lado.

La tecnología nos permite aprovechar las migas de tiempo y en ella buscamos los bits de información que necesitamos para vivir. En esta compleja situación, las marcas necesitan seguir haciendo su trabajo: destacar, atraer, vender y vincular. En el mundo de hoy, esto se hace a través de los contenidos.

La gestión de contenidos es tan antiguo como el hombre. Al principio era propiedad de los artistas, los políticos y las religiones. Grandes historias se contaban desde antiguo, historias que configuraron las formas de pensar y actuar de civilizaciones completas. En el último siglo y con la aparición de los medios de comunicación de masas, el poder de los discursos alcanzó escala mundial. Con los avances tecnológicos y la caída de los grandes ideologías, estos discursos globales y antagónicos dirigidos por las superpotencias cedieron a discursos fragmentados, multitemáticos, y flexibles ya no dominados por grandes intereses ni las grandes marcas, sino por individuos que tuvieron la oportunidad de acceder a mejor educación, recursos tecnológicos y económicos.

Las marcas y los medios de comunicación tradicionales han llegado tarde a la revolución de los contenidos. Los nuevos consumidores, los medios y formatos, los dispositivos móviles y los medios de producción al alcance de las personas (todos tenemos ideas, cámaras, programas de edición, acceso a música, etc) han remecido el ambiente publicitario. Espacios como The Onion en Estados Unidos, Los Jetas, Enchufe TV, Soy Germán en latinoamérica y, en nuestro país, Los Cinéfilos, PerúFail, WTF, entre otros, están aprovechando los intersticios de tiempo que nos permite la acalorada vida de hoy.

CASO: Enchufe TV 

El Show “Soy Germán” genera más de dos a tres millones de vistas por video (algunos alcanzan más de 10 millones), tiene más de 5 millones de seguidores en su FanPage y cada post genera más de 100 mil likes y más de 30 mil shares. El Canal de TV en internet “Enchufe TV”, tiene más de 500 mil visitas diarias. Números sorprendentes, si consideramos que el primero es un programa chileno y el segundo es ecuatoriano.

¿Y las marcas? Algunas pocas se pueden destacar: Heineken, Red Bull y Coca Cola. 
 

¿En Perú?... (silencio)

Grandes desafíos tienen por delante las marcas y los marketeros, los publicistas y directores audiovisuales, quienes están siendo puesto a prueba ya no por la competencia, los colegas ni sus jefes, sino por personas talentosas que generan contenidos con presupuestos que son una fracción de los costos de producción de los comerciales de TV que hoy vemos pauteados en las tandas de la televisión abierta.

Ya no se trata de competir, sino de sobrevivir. Hay que salirse de la zona de confort de las añejas fórmulas del marketing y publicidad. Existe una realidad que no vemos en la tele ni los diarios. Fluye en la red con gente de carne y hueso que engancha con las nuevas generaciones y a quienes no les importan los premios publicitarios ni los reconocimeintos del gremio.

Aprendamos de ellos.



1 comentario:

Milton Calopiña dijo...

Tienes toda la razón, existe un atraso. Esperemos que se pueda todavía revertir en algo la situación.