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jueves, 17 de marzo de 2011

Alguien ve Mad Men



Si alguien quiere saber dónde surge la real complejidad de la publicidad y la relevancia que tiene en la sociedad, basta ver dos capítulos de Mad Men (de la primera temporada), sobretodo en los que su protagonista Don Draper, director creativo y socio de Sterling, Cooper, Draper & Pryce, presenta las campañas para Lucky Strike y Carrousel de Kodak. No deja de emocionar la capacidad que tienen algunas personas de vender ideas que van a influenciar el comportamiento de otros, ni la complejidad y profundidad que requieren ese tipo de pensamientos. Es muy interesante entender cómo en los años sesenta se conjugaron las ideas matrices de lo que hoy entendemos como las bases de la comunicación exitosa: buen producto (innovador), creatividad orientada al público y compromiso con los resultados. Creatividad y resultados es la ecuación fundacional de la publicidad. En algún momento ambas se distanciaron: la publicidad se convirtió en una especie de reducto donde los creativos publicitarios comenzaron a desplegar su arte como si los anunciantes y sus presupuestos cumpliesen el rol de mecenas que no les corresponde. No es de extrañar, entonces, que David Ogilvy, uno de los principales publicistas de todos los tiempos, haya declarado por aquellos años que el publicista que no probara de la “sangre de los resultados” en pocos años quedaría fuera del mercado (ver http://www.youtube.com/watch?v=ZEQDs1W8zOg).

El personaje que más me gustó de la primera temporada fue del el visionario Bertram "Bert" Cooper (interpretado por Robert Morse), el fundador de la agencia, que llena el espacio con un halo de sabiduría excéntrica y pragmática, aprendida en su paso por el mundo donde ha llegado a convertirse en parte de la aristocracia americana gracias a sus méritos y su capacidad por moverse en las esferas de poder. Un sabio humano que es capaz de cometer errores y reconocerlo,  aprender de ellos y compartirlo con quienes entiende que lo aprovecharán, reconocer el valor del talento de las personas al punto de asociarlas a su empresa.
Bert Cooper lee a Ayn Rand y recomienda que otros la lean.

Yo lo estoy haciendo como si me lo hubiera dicho a mí. Comencé unos meses y La Rebelión de Atlas se está convirtió rápidamente en uno de mis libros de cabecera, gracias a Cooper, gracias a Mad Men.

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